viernes, 06 de mayo de 2005
Los padres del joven aún no han asimilado lo ocurrido el lunes. Su único hijo nunca había tenido un problema con nadie y era muy querido. Su novia Laura, con la que llevaba dos años, ni siquiera podía articular palabra en el tanatorio de Carabanchel
Madrid- A la familia González Carmona, que ayer velaba el cuerpo de su único hijo Manuel en el Tanatorio Sur, lo único que les importa es que no volverán a ver con vida al muchacho, de 17 años. Josefa Carmona, natural de Magacela, provincia de Badajóz y conocida en el barrio y por sus amigos como Pepa, todavía no asimila la pérdida de su pequeño. No entiende cómo poco antes de las siete de la tarde del lunes estaba dándole un bocadillo para merendar y despidiéndose de su hijo que iba a ir una rato al gimnasio y, media hora después, Manuel estuviese muerto.
Ella se dirigía a la misa de La Almudena. «Cariño, no vengas tarde que sabes que me preocupo», le dijo. «Mamá, no te preocupes que voy a entrenar un poco al gimnasio y enseguida vuelvo para que cenemos juntos». No lo sabían, pero esas fueron las últimas palabras que iban a compartir.
El menor asesinado era un muchacho muy conocido y querido por todo el mundo en el barrio. Todos sus amigos y su novia Laura, con la que llevaba más de dos años, eran también de la zona. Acababa de terminar la ESO y estaba estudiando un módulo de electrónica. Además, para poder trabajar este verano y sacarse algo de dinero, había decidido apuntarse a un curso de socorrismo, que compaginaba con su pasión, el kick boxing. Tal vez este deporte pudo llevarle a la muerte. Según un vecino de la zona, que asegura que su mujer estaba presente cuando sucedieron los hechos, «cuando empezó la pelea él no quiso agredir a nadie, pero como empezaron a pegarle, se defendió con trucos que sabía de entrenarse en este deporte. El otro, al ver que Manu sabía defenderse y que no iba a poder con él, sacó una navaja del calcetín y le apuñaló».
«No tiene explicación». Sus padres, Emilio y Pepa, comentaban entre lágrimas: «Lo que ha ocurrido no tiene explicación. Él era un hijo ejemplar, sano, deportista y que siempre miró por nosotros y por no preocuparnos. Su hora de llegada cuando salía era la 1:30 de la noche y nunca apareció más tarde. Su amigos iban a las discotecas de Leganés y él nunca quiso ir para evitarnos preocupaciones y problemas». Pepa añadía, emocionada: «Mi hijo Manu sabía que yo tenía cáncer de mama e hizo todo lo posible para evitar algún disgusto o problema en casa. He luchado durante 17 años contra la enfermedad y ahora me matan así. ¿Qué me queda después de ésto?»
Según las primeras investigaciones, Manuel estaba con unos amigos charlando en un banco. Junto a ellos había unos niños suramericanos jugando con globos de agua con los que mojaron a Manuel y a sus amigos. El menor asesinado les llamó la atención para que se estuvieran quietos. Fue entonces cuando uno de los pequeños decidió avisar a su hermano mayor. Poco después aparecieron cuatro chicos, según los testigos todos ellos dominicanos, y después de una fuerte discusión empezaron a pelearse hasta que uno de ellos salió corriendo con una navaja en la mano y Manuel, cayó desplomado al suelo.
«Nunca te olvidaremos, Manuel». Sus amigos y su novia Laura trataban ayer de asumir lo ocurrido. Laura ni articulaba palabra, estaba sedada. En el banco donde el joven murió el pasado lunes, ayer ya habían dejado en su memoria tres ramos de flores con unas velas y dos notas que decían: «Nunca te olvidaremos, Manuel», y «para alguien que siempre estará aquí». Sandra, una amiga de toda la vida, comentaba emocionada: «Era un chico genial, tenía sus estudios, su novia y nunca se había metido en problemas. Todo lo contrario, siempre evitó cualquier discusión».
Daniel, compañero suyo del colegio los Salesianos, donde Manu estudió, aseguraba haberse enterado por su madre ayer por la mañana y todavía no se lo podía creer. «Era de lo mejor, siempre de buen humor y muy buena persona». Miriam, otra amiga del joven decía que «era el angelito de la pandilla. Un chico muy normal, muy simpático y muy tranquilo. Parece increíble que hace dos día estuviésemos todos en el parque riéndonos y haciendo bromas y ahora él no esté con nosotros. Todo ha cambiado en nuestro grupo de amigos, ya nada será lo mismo sin él»
(LA RAZÓN)